AGENDA CIUDADANA NOS MOVEMOS ¿HACIA EL SIGLO XIX?
AGENDA CIUDADANA
NOS MOVEMOS ¿HACIA EL SIGLO XIX?
Lorenzo Meyer
Como dice la propaganda gubernamental, México se está
moviendo, pero indicadores como los de la concentración de la riqueza, la deuda
externa o la inseguridad, muestran que el movimiento es hacia el pasado ¡hacia
un siglo o siglo y medio atrás! Esta columna también se podría titular “Los
Cangrejos”, en alusión a la canción del siglo XIX de Guillermo Prieto que se
burlaba de la dirección en que los conservadores querían hacer marchar a
México.
Fijémonos en la inseguridad. De acuerdo con el último
reporte del INEGI, el 71.9% de los citadinos consideran que viven en una ciudad
insegura. A los trenes de carga los paran y los asaltan; sólo en Guanajuato se
cometen 600 robos mensuales de ese tipo. En las carreteras ocurre lo mismo, de
enero de julio de este año se han denunciado 810 robos carreteros,
particularmente, en el corredor Ciudad de México-Puebla-Veracruz. El crimen
organizado ataca la red de ductos de Pemex y roba el combustible -en 2015 se
detectaron 5,225 tomas clandestinas- que en el año anterior ocasionaron
pérdidas a la otrora gran empresa estatal por 1,119 millones de dólares,
(Reforma, 5 de octubre, El País, 7 de junio).
Algunas bandas criminales que hoy operan en México están
tan bien organizadas, armadas y con tanta confianza en su impunidad, que se dan
el lujo de controlar territorios, subordinar por completo a las autoridades
municipales y enfrentar abiertamente al propio ejército y tirarle un guante en
el rostro a las fuerzas armadas, al Estado y a toda la sociedad mexicana. En
2015 un cartel de narcotraficantes derribó un helicóptero y en Sinaloa, al
final de septiembre, otro atacó un convoy militar y le causó quince bajas:
cinco muertos y diez heridos.
A un habitante del México de la Revolución de hace un
siglo o de la Guerra Cristera, (1926-1929), el asalto a trenes no le hubiera
sorprendido. Para otro de más atrás en el tiempo, por ejemplo, de los 1860´s,
la referencia a bandas criminales asolando poblaciones enteras como ha ocurrido
en los últimos tiempos en Coahuila o Tamaulipas, (Sergio Aguayo, (coord.), “En
el desamparo. Los Zetas, el Estado, la sociedad y las víctimas de San Fernando,
Tamaulipas (2010) y Allende, Coahuila, (2011)”, [Documento de trabajo, El
Colegio de México, 2016, 39 pp.]), le llevaría a pensar en “Los Plateados”, el
grupo de bandidos mejor organizado de esos años y que operó en una amplia
región de lo que entonces era el enorme estado de México y que hoy es Morelos,
pero también en parte de Puebla, Guerrero e incluso Hidalgo. Como los Zetas
de hoy, algunos “Plateados” habían sido soldados en la
Guerra de Reforma y luego pusieron sus habilidades y armas al servicio de sí
mismos. Esa banda llegó a sumar medio millar de individuos e incluso contar con
armamento de gran poder (alguna pieza de artillería) equivalente a los Barrett
calibre 50 que hoy tienen los carteles. Por un tiempo no les fue nada mal a
estos bandidos que secuestraban, saqueaban pueblos enteros y a los que
distinguía la plata de la que hacían ostentación en sus vestimentas, (hoy la
plata ha sido sustituida por el oro). La indefensión de los pueblos llevó a que
en la década de 1860, surgieran autodefensas, los llamados “justicieros”. De
entre esos grupos de civiles armados destacó el encabezado por Martín Sánchez,
un artesano de Yecapixtla, (Carlos Agustín Barreto, “Los Plateados en Morelos:
un ejemplo de bandolerismo en el México durante el siglo XIX”, Takwá, núm.
11-12, [primavera-otoño 2007], pp. 105-129).
Las autodefensas del siglo XIX en Morelos no son, en
esencia, diferentes de las que surgieron en Michoacán en 2013, encabezadas por
Hipólito Mora o el doctor José Manuel Mireles, que se organizaron para
defenderse de sus extorsionadores pero casi de inmediato tuvieron que
enfrentarse no sólo al crimen organizado sino al gobierno federal, ineficaz
para combatir a los criminales pero celoso de las consecuencias que
podría traer la autonomía de civiles armados, pues,
después de todo, el Estado se define, según Max Weber, por el monopolio de los
medios legítimos de violencia. Las autodefensas argumentaban que su violencia
era aún más legítima por ser en defensa propia, (Enrique Guerra Manzo, “Las
autodefensas de Michoacán. Movimiento social, paramilitarismo y neocaciquismo”
en Política y Cultura, [otoño, núm. 44, 2015], pp. 7-31).
“Los Plateados” finalmente desaparecieron cuando empezó a
surgir un auténtico Estado con la República Restaurada (1867-1876) y el
Porfiriato, (1867-1911). Aunque el bandidaje como tal nunca desapareció, al
iniciarse el siglo XX, ya no era una característica nacional. La inseguridad resurgió
en 1910 con la Revolución pero volvió a ser controlada cuando el nuevo régimen
se consolidó a partir del fin de la II Guerra Mundial.
Lo anterior significa que en México, como en otros
países,hay una relación entre disminución de la inseguridad y consolidación del
Estado. Si hoy, de nuevo, la inseguridad en caminos y en ciudades aumenta se
debe a que el Estado mexicano, que nunca ha sido realmente fuerte en el sentido
moderno del término, está experimentado un proceso de “desconsolidación”. Y aunque
ello es resultado de las fallas de su clase gobernante, sus terribles
consecuencias las sufre la sociedad entera,
especialmente quienes no pueden comprar su seguridad, es
decir, la mayoría.
RESUMEN. “LA INSEGURIDAD ES UN CLARO INDICADOR DE PÉRDIDA
DE FUERZA, DE EFECTIVIDAD, DEL ESTADO. POR ELLO, EN CUANTO A SU ORGANIZACIÓN
COMO COMUNIDAD POLÍTICA, MEXICO EN VEZ DE MODERNIZARSE, RETROCEDE”
recuperado de:www.lorenzomeyer.com.mx
agenda_ciudadana@hotmail.com
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